La Letanía de Los Horrores de Laboratorio: Un Exposé de PETA

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Actualización: Según informes de noticias, un mono que podría haber estado infectado con un peligroso patógeno, escapó de una jaula en un laboratorio donde los animales estaban infectados con el virus del Ébola, ántrax y otras enfermedades letales. A una empleada que lo reportó, presuntamente se le dijo que guardara silencio y que no fuera con los funcionarios federales. Después del escape de un conejo infectado, la empleada, una vez más, intentó denunciarlo, y eventualmente fue despedida. Ahora ha interpuesto una demanda por despido injustificado.

Estos no son los primeros animales encerrados que escapan de los laboratorios de la Universidad de Pittsburgh. Tal y como lo documentó un testigo de PETA (véase el video a continuación), un mono llamado Gimli escapó de una jaula. Cuando Gimli caminó por encima de las jaulas, los empleados trataron sin éxito de convencerlo con comida y juguetes para que entrara en una jaula. Mientras unos empleados miraban boquiabiertos, otros le gritaban a Gimli desde otra habitación, haciendo que el mono les enseñara sus dientes e hiciera ademanes agresivos. El personal tardó tres horas en atrapar a Gimli con una red y devolverlo a la jaula.

Lo siguiente fue publicado originalmente el 9 de marzo del 2017:

Extremidades dobladas quirúrgicamente en posiciones antinaturales. Una herida sin suturar tan profunda que exponía los tendones. Experimentos diseñados para matar lenta y dolorosamente. Estos son solo algunos de los horrores documentados en las imágenes filmadas por el testigo de PETA en los laboratorios ocultos del escrutinio público en la Universidad de Pittsburgh.

Pitt, como se le conoce a la universidad, utiliza miles de animales, incluyendo perros, gatos, monos, conejos, ratones y ratas en experimentos crueles. Este mundo de sufrimiento era mantenido en secreto hasta que PETA entró y puso al descubierto lo que los contribuyentes estadounidenses están financiando allí. Pitt recaudó más de $475 millones en subvenciones federales para investigación tan solo en el 2016, y mucho de ello fue desperdiciado en experimentos con animales.

Esto es lo que encontramos: los experimentadores, no los veterinarios, a menudo dieron las órdenes referentes al cuidado de los animales, y los experimentos, los cuales eran horriblemente crueles y aparentemente inútiles, fueron aprobados tanto por la universidad como por los organismos federales que los financian.

 

Un mono identificado como “M237” o “Gandalf”, era uno de los más de 550 monos encerrados en jaulas de metal desoladoras en Pitt. Fue seleccionado para ser utilizado en una cirugía de laparoscopía experimental realizada por George Gittes, pero su sufrimiento perduró más allá del experimento. Enjaulado solo, estaba desesperado por contacto físico afectuoso. A menudo ofrecía su espalda a los empleados de Pitt haciéndoles gestos para que lo acicalaran.

Sin embargo, las jaulas individuales en Pitt no protegían a Gandalf. Un mono enjaulado cerca de él le mordió su mano hasta los tendones. El veterinario de guardia se negó a examinar la lesión. En su lugar, simplemente prescribió ibuprofeno, un tratamiento terriblemente inadecuado para la gravedad de la herida. Los días pasaron sin aliviar su dolor, Gandalf comenzó a sostener su mano y ponerla bajo su axila, aparentemente esforzándose por soportar el dolor. Los registros presuntamente mostraron que Gandalf podría incluso no haber recibido el ibuprofeno de manera regular.

Tres semanas después de que Gandalf fue utilizado en una cirugía experimental, fue sometido a eutanasia. Los experimentadores extrajeron tejido y después metieron su cuerpo en una bolsa hermética de residuos biológicos peligrosos.

Otros monos en los laboratorios de Pitt enloquecieron lentamente, caminando de un lado a otro, balanceándose y exhibiendo otros comportamientos repetitivos.

¿Permitirías que un cirujano plástico realizara en ti una cirugía ortopédica paralizante y dolorosa? Dos conejos jóvenes llamados Jack y Daniels no tuvieron ninguna oportunidad cuando Sandeep Kathju los tomó.

Les cortó los ligamentos de sus rodillas, luego contorsionó sus piernas en una postura antinatural y finalmente les insertó un alambre en las rodillas para mantener las piernas inmóviles. ¿El objetivo? Provocar traumatismos intencionales en las articulaciones de las rodillas.

Después de más de dos semanas en esta insoportable posición, ambos conejos perdieron bastante peso, indicando dolor crónico y angustia. Pero Jack y Daniels fueron obligados a soportar seis semanas más de esta agonía.

Los alambres que Kathju colocó en las rodillas de otros conejos atormentados de manera similar, impidieron que se movieran de manera normal, causando que sus pies se atorasen en los pisos de malla de las jaulas y se arrancaran las uñas. Al parecer, esto no fue previsto por el experimentador.

El experimentador Gregory Cooper, deliberadamente reproduce conejos a fin de que sus bebés tengan cráneos deformes, no obstante décadas de haber realizado estos experimentos crueles sin haber podido producir terapias que pudieran ayudar a humanos afligidos por condiciones similares.

Un conejo conocido solo como “740-12”, que fue utilizado para reproducir conejos bebé para los experimentos de Cooper, se vio exhibiendo síntomas similares a los de las apoplejías. Ella no pudo, o podía, levantar su cabeza y no movía sus extremidades traseras en absoluto. Murió más tarde ese día, y sus cuatro bebés hambrientos fueron sometidos a eutanasia. Una autopsia reveló que 740-12 había padecido un raro trastorno metabólico denominado “toxemia del embarazo”, que podría haberse evitado controlando su dieta, sin embargo, esto no se realizó.

No fue sino hasta un mes más tarde, cuando un segundo conejo llamado Puddles murió de toxemia del embarazo, que la dieta de los conejos finalmente fueron evaluadas.

Si los ratones y las ratas creían en el infierno, éste se vería como los laboratorios de Pitt. Les negaron cuidados adecuados, y muchos padecieron una dermatitis ulcerativa insoportable pero prevenible, la cual les provocó llagas dolorosas e irritantes. En un experimento, Rajesh Aneja punzó los intestinos de ratones para que las bacterias dañinas se filtraran en sus estómagos y les causaran un shock séptico. ¿El resultado? Según un veterinario, los ratones “caían muertos”. El comité que supervisa la experimentación en animales en Pitt aprobó los experimentos de Aneja, a pesar de que un estudio reconocido determinó que los resultados de los experimentos de sepsis en ratones no pueden aplicarse a los seres humanos.

El experimentador Ira Fox implantó células de un hígado humano enfermo en ratones, ratas y monos. En lugar de proporcionar el alivio de una eutanasia humanitaria después de que enfermaron, obligó a las ratas a padecer una prolongada y dolorosa agonía.

Los ratones y las ratas también sufrieron por negligencia e incompetencia, se ahogaron cuando las jaulas se inundaron y no tuvieron forma de escapar, murieron de sed cuando por errores mecánicos o humanos cortaron su suministro de agua, o sucumbieron por lesiones cuando fueron alojados con compañeros incompatibles.

El mediocre caos en Pitt hace difícil imaginar que la universidad pueda producir un resultado científico útil.

  • Seis monos con VIS (VIH para los simios) utilizados en los experimentos realizados por Ivona Pandrea fueron tomados de un edificio a otro y colocados en una sala de necropsia. Pero nadie colocó señales de advertencia en la puerta indicando que había animales dentro o que la habitación se había convertido en un riesgo biológico, poniendo en riesgo al personal. Cuando esto se comunicó al veterinario clínico encargado, expresó su sorpresa, diciendo que ni siquiera le habían dicho que los monos fueran VIS-positivo.

  • Cuando una empleada encontró un ratón atrapado en la tapa del alimentador de una jaula de alambre, haló al animal suelto, arrancando dos dedos en el proceso. Sorprendentemente, escribió en el reporte sobre la salud del ratón que el ratón se encontraba “bien”.

  • Un empleado colocó varios ratones vivos en una bolsa de plástico y la selló. Para cuando otro trabajador notó la bolsa, algunos de los ratones ya se habían asfixiado, y cuando el supervisor cuestionó la acción, el empleado rió.

  • Un mono aterrorizado escapó escalando hasta la parte superior de una pila de jaulas, y evitó que lo capturaran durante tres horas.

  • Un veterinario drenó pus del absceso de un conejo llamado Booker, utilizando un escalpelo para cortar y luego pulsando sobre la herida, lo cual provoca un dolor insoportable, por más de 10 minutos antes de anestesiarlo totalmente.

  • Un técnico veterinario y un senior veterinario intentó sacar sangre de un conejo sin anestesiar quien luchó y pataleó durante 20 minutos, provocando un hematoma.

¿Dónde está la responsabilidad para este personal aparentemente indiferente e incompetente?

El Comité de Cuidado y Uso Institucional de Animales de Pitt (IACUC por sus siglas en inglés) es el órgano de supervisión responsable de garantizar que los animales en sus laboratorios no experimentan dolor ni angustia más allá de lo que se considera “necesario” para el experimento. El hecho de que el IACUC de Pitt apruebe experimentos bárbaros, anticuados y finjan no ver los tratos crueles y despiadados a los animales es una vergonzosa abdicación de su responsabilidad.

PETA ha presentado una denuncia ante el Departamento de Agricultura de EE.UU. por la presunta violación de la Ley de Bienestar de los Animales, pero también tenemos que hacerle saber al gobierno que nuestro dinero de los impuestos no debe financiar este sufrimiento. Pitt recibe cientos de millones de dólares en subsidios del NIH cada año, por favor, exige que el NIH deje inmediatamente de financiar los experimentos crueles en animales de Pitt.

Mr.
Michael
Lauer
NIH

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