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Turistas de todo el mundo visitan Mérida, México, pero muchos se van conmocionados tras ver caballos enfermos, agotados y heridos luchando por sobrevivir un día más. Obligados a transportar cargas de pasajeros día tras día en carruajes llamados calesas, estos caballos suelen padecer agotamiento, deshidratación, lesiones y atención veterinaria inadecuada.

Muchos desarrollan lesiones dolorosas en las piernas y en los cascos al golpear superficies duras durante todo el día. La cojera es común, pero muchos operadores, ya sea porque no quieren reconocer las señales de cojera o porque no están dispuestos a perder un cliente, siguen obligando a los caballos enfermos a trabajar.
Las fosas nasales de los caballos suelen estar a apenas unos centímetros por encima del nivel de la calle, por lo que están obligados a respirar los gases de escape durante todo el día. El agotamiento por calor es otro riesgo grave que puede poner en peligro la vida. Los caballos se han desplomado en la calle, probablemente por el calor.
La temperatura promedio en Mérida ronda los 27 °C. El calor y la humedad en este clima tropical son intensos llegando a alcanzar los 38 o 40 °C. Un visitante publicó en TripAdvisor, “Nunca vi que a los caballos les dieran agua, a pesar de que las temperaturas diarias superaban los 38 °C”.
La Unidad de Protección Animal de la ciudad no cuenta con el personal ni los recursos suficientes para revisar de forma constante a los caballos ni supervisar las condiciones en las que los obligan a trabajar.
Prohibir los carruajes tirados por caballos en Mérida protegería a los animales, mejoraría la seguridad pública y abriría la puerta a formas de turismo más compasivas e innovadoras que no causen sufrimiento.